No tan solos

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Al paradigma de organización básico en familia nuclear surgen modelos alternativos que basan su estructura en otros lazos a veces no tipificados por la ley. La amistad y todo lo que puede obtenerse de ella suplen con eficacia el papel de la familia biológica o política. La necesidad de compartir piso evidencia la imposibilidad de ir a lo nuestro y aún en la era del individuo, especialmente hablando en términos económicos, uno no es suficiente.

Comenzando por lo evidente

Los impulsos gregarios son innegables. Partiendo de esta base quizás deberíamos reflexionar acerca del papel de la familia y de la propia pertenencia al grupo. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el elemento natural, universal y fundamental de la sociedad, tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. La familia es la célula básica en la cual los seres humanos adquieren los primeros rasgos para el desarrollo del carácter y de la identidad personal, así como los hábitos y los valores que determinarán, en un inicio, su pensamiento y su desarrollo social. A partir de ahí, el proceso de socialización continua de la mano de otras figuras de autoridad, con roles más o menos definidos, pero igual de influyentes en la creación del ciudadano que, en último término, formará su propia familia por afinidad y replicará el proceso. De tales relaciones se espera, de manera bilateral, funcionalidad. Una relación funcional lo es en la medida que satisface unas necesidades que varían según época, cultura y contexto económico. La monogamia romántica occidental, y el impulso gravitacional del sexo, desarrollan un papel coactivo que genera una organización social tipo donde reproducción y soporte mutuo, son la dulce consecuencia.

Contractual o no, es un hecho que las habilidades sociales y la red de soporte que deriva de ellas son imprescindibles para todos, pero de manera especial para los que no comparten la vida con nadie. Y es que las exigencias del mercado laboral, la vocación o la firme intención de no formar una familia, son factores que exigen estructuras alternativas. Compartir piso, ocio, cariño, romanticismo y por supuesto sexo, son relaciones cada vez menos exclusivas de la pareja monogámica regular. De la amistad o del vínculo entre extraños se generan relaciones contractuales más esporádicas y abiertas, pero igual de vinculantes que las primeras. Se trata de diluir el papel principal del cónyuge en toda nuestra dimensión social, quedando la figura del esposo/a indefinida en cuanto a personalidad se refiere, pero funcionalmente activa a través de las necesidades que cubre desde la colectividad.

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