Infinity Party Hostel | Budapest

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Este mes hemos tenido el placer de comprobar lo bien que se lo montan los huéspedes del hostel más cañero de Budapest. Infinity Party Hostel está situado en la parte superior de un viejo edificio del Ruin Pub District, dentro del carismático Jewish Quarter.

Aprovechando la simbiosis con la party-brand FOGAS, los promotores de Infinity crearon en su momento la evolución perfecta entre el tradicional bed n breakfast europeo y un picadero ruso. El complejo (que abarca varios pisos de varios edificios colindantes), comprende múltiples terrazas al aire libre situadas en los patios interiores, así como salas de cafe, bars y el anteriormente mencionado hostel.

«Puedes pasarte todo el día colgado, saltando de un edificio a otro, conociendo gente, acabando una fiesta o comenzando la siguiente»

FogasHáz reparte galones de alcohol a cualquiera que lo solicite educadamente, además lo hace a precios más que razonables y con un ambiente extrañamente local, a pesar de la marcada influencia traveller. La relación empresarial entre ambos negocios ha dado unos resultados legendarios, en parte debido a la constante retroalimentación publicitaria; mientras que el staff del hotel te garantiza toda la fiesta que puedas consumir sin salir de la manzana, los del bar te seducen con la promesa de una cama buena, bonita y barata justo en el piso de arriba.

La estampa habitual: un cerdo inglés se apura una botella de Jack Daniels el solito, mientras su inseparable colega albino acepta la sodomía emocional del primero

No todo iba a ser diversión y descojone, la resaca generalizada reduce considerablemente la vitalidad de la que dispones, pero siempre puedes recargarla  de nuevo en alguna tasca del barrio mientras esperas con resignación la homilía nocturna. FogasKert es el lugar más adecuado para afrontar la happy hour con las mayores garantías de éxito. Aunque no estés interesado en la puesta de sol, la terraza principal hierve de actividad backpacker, pega el oído y absorbe toda la info que puedas sobre mitología urbana, te será muy útil cuando vuelvas sin nada que contar acerca de tu visita a Hungría.

Música por favor

Oferta multigénero de djs y bandas, aunque destacan dos residentes bastante funkers que ajustan sus ritmos en función del día de la semana. «Con el buen tiempo, cualquier noche me vale» – afirma el islandés solitario. Calvo y decidido, que duda cabe, cuando tiene las pelotas de posicionarse al lado de Jossie Sussex y empezar a meterle mano. La cosa no cuajó, pensamos, al verle volver humillado… «tranquilo Jon Snow, la noche no ha hecho más que empezar».

Instant Pub es, según 1 de cada 2 preguntados, el sitio que estáis buscando. La diversidad de habitaciones/ambientes es el aliciente principal de esta antigua mansión reconvertida en abrevadero nocturno. El hall principal da acceso a varios tramos de escalera que conectan los 3 pisos en los que está dividido el edificio, cada uno de ellos con sus correspondientes habitaciones temáticas y asociadas a un estilo de música concreto.

Puedes morirte lentamente en alguna de las barras de servicio mientras esperas tu oportunidad de oro, pero si aun te queda algo de sangre en las venas te recomiendo que bajes al basement y te dejes engullir por la movida RNB que ya desde hace un tiempo barre las pistas europeas. Si no es tu caso o tienes la cadera más rígida que un playmobil siempre puedes subirte a la sala triste y desahogarte en un metro cuadrado al ritmo del tecno-mierda del este.

«Ouch! … no me sube la pastilla». Ningún problema, la habitación brit-pop te ofrece un bajón sostenible al tiempo que explota las connotaciones nostálgicas de los temas de siempre. P.D: Love will tear us apart  no es el mejor tema de Joy Division.

Fuckpackers

Jossie se retiró bien acompañada, el fornido macho belga no estuvo muy acertado con los preliminares pero acometió una extraordinaria faena, a decir por los gritos de satisfacción que acompañaron el alba. Nuestra insomne compañera Julia firma la crónica desde la cama de al lado con su habitual tacto para tales asuntos: «se han quedado  a gusto los muy cabrones». Lo confirma Mario, huésped desde hace más de un mes y medio en Infinity, y añade al respecto: «… el otro día llegó un grupo de surcoreanas bastante salidas a la habitación. Por la noche se pusieron de corto y bajaron a mezclarse con la gente. Un par de franceses estuvieron hábiles y les hicieron tragar más alcohol del aconsejable, ya te puedes imaginar la noche que me dieron las muchachas… gimiendo como perras recién nacidas».

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